El límite de la empresa y qué hacer con él

El límite de la empresa

El límites de la empresa puede ser actual como potencial. El primero está dado por las condiciones actuales de la organización. Una vez que se llega a la máxima capacidad operativa, se alcanzó un límite. El segundo está dado por los límites geográficos, de mercado o, en el extremo de los casos, por el límite legal para los casos de monopolio.

Pero entre un emprendedor y una empresa que ha llegado a una situación de monopolio, existe una marcada diferencia en cantidad de clientes, volumen de operaciones, facturación y participación de mercado.

Sin embargo, existe un tercer límite más sutil y menos evidente. El mismo está dado por una persona (o varias) que dirige y toma decisiones; decisiones que se apoyan en sus ideas, visiones y valores. Sus propios límites determinan, entonces,  el “techo” de la empresa.

El límite de las decisiones

límite de la empresa

Este límite de la empresa es muy difícil de superar si quienes están en posiciones de liderazgo no pueden reconocerlo, pedir ayuda o hacerse a un lado. Aunque las personas cambian, no lo hacen porque nosotros queremos ni en el momento en que la empresa lo requiere. Cambian porque necesitan cambiar, porque estar en el lugar en el que están les hace daño y por otras razones que no necesariamente tienen que ver con nuestros deseos ni con los tiempos de la empresa.

Incluso en el caso de que toda la organización note que una persona traslada sus límites a la empresa y la perjudica, si esa persona tiene poder de decisión, no quiere cambiar y no será removida de su puesto (puede ser la dueña, por ejemplo), entonces la organización ha encontrado su límite. En este caso, el techo de una empresa está dado por el límite de las personas que la dirigen.

¿Qué hacemos con el límite de la empresa?

¿Qué hacer, entonces, con esa persona que pone límites a la empresa? No existe una fórmula única o definitiva. Una opción es no hacer nada. Otra opción es abandonar la organización. Claramente, entre ambas decisiones, hay una serie de acciones disponibles.

Es importante señalar que las personas hacen lo que hacen porque en algún sentido les está aportando un beneficio. Descubrir qué cuidan y por qué lo hacen nos permite pensar formas de abordar situaciones sin que sea una situación tensa o desagradable. Por ejemplo, una persona que acapara muchas actividades puede sentirse útil de este modo, puede necesitar sentirse ocupada o puede pensar que los demás no harán un buen trabajo. En cualquier caso, los procesos se demoran mientras resuelve todas las tareas. Detectar esto nos permitirá proponer soluciones (¡aunque muchas veces no sepamos plantearlas!) que permitan mejorar los tiempos y que, al mismo tiempo, no atenten contra su necesidad de sentirse útil, de estar atareada o de exponerse a un trabajo deficiente.

Cualquiera sea la decisión que tomemos, cualquier opción disponible, también tiene un costo y un beneficio para nosotros. Tal vez no podamos ir más allá de quienes deciden, pero es nuestra responsabilidad encontrar el mejor equilibrio para nuestro bienestar y actuar en consecuencia.

Si estás en esta situación, tenemos algo para proponerte.

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